Escritora frustada, que intenta poner orden en el baúl oscuro de su imaginación. Relatos que salen desde lo mas recondito de mi alma e intentan liberar todo lo que siento por dentro. Espero que os guste, os entretenga y que me digáis lo que os hace sentir. Gracias por acompañarme en mi rincón.

30 ene. 2011

La guerrera

Esta es una historia muy especial, que se la debía hacía mucho tiempo a mi querida amiga Ana Cobos, que para mi, es toda una guerrera. Espero que os guste a todos!!

Se despierta cuando siente el rocío recorrer su cara. Abre poco a poco sus grandes ojos, que escrutan cualquier movimiento que no sea habitual, entonces los cierra, respira profúndamente, siente como el aire fresco inunda sus pulmones y la llena de vida, siente como se despiertan el resto de sus sentidos. Sin abrilos aun, mueve lentamente sus manos, sintiendo la naturaleza que la rodea, palpa el arbol bajo el que ha dormido, acaricia las hojas que le han dado cobijo durante la noche, atrapa entre sus manos la tierra, cercana al lecho del río, que cada noche le sirve de cama. Vuelve a respirar profundamente, y después comienza a olfatear el aire, huele a mañana, a rocío, a flores recién abiertas, que parecen darle los buenos días, huele a frutos que llaman vorazmente sus ganas de comer.

La guerrera recoge la manta en la que se envuelve de noche. Esa frazada que, además de calentarla, la protege de las criaturas de la oscuridad. Es del color de la tierra, está hecha con la lana mas cálida del valle y tejida por las mujeres mas antiguas de la tribu, era el regalo de su pueblo el día que la eligieron como una de sus guerreras. Fue un honor que pese a su juventud, la hubieran elegido para tan magnífica tarea, el ayudar a vigilar y proteger a su pueblo. Pero no fue difícil la decisión, pese a su pequeño tamaño y su corta edad, se movía con la cautela del viento, luchaba con la fuerza de los elementos y cada uno de sus gestos, demostraba su gran valentía y coraje.

Después de recoger sus cosas, se dirigió al río a lavarse. Al ver su reflejo en el agua, le costó reconocerse. Ya no era una niña, aunque su cara revelara ciertos rasgos de inocencia, aun no marcada por las cicatrices de las luchas mas fieras. Su piel, estaba dorada por correr al sol, su pelo era tan negro, como el fondo de las aguas mas profundas y brillaba con los primeros rayos de luz, sus ojos eran oscuros, intensos, al acecho de cualquier movimiento extraño.

Tras su aseo, buscaba uno de aquellos árboles cargados con aquellos frutos tan deliciosos. Se arrodillaba ante uno de ellos, le daba las gracias por alimentarla y arrancaba su fruta madura. Primero murmuraba una pequeña oración a las diosas que siempre la protegían, y después, partía la fruta con delicadeza, para comer su carnoso interior. En los restos de su cáscara, mezclaba un poco de tierra con agua del río, para crear ese tinte único con el que decoraba cuidadosamente su cara y su cuerpo. Ahora estaba lista y preparada para afrontar un nuevo día, arco en mano, lista para tensarlo en el momento de sentir cualquier amenaza para su pueblo. De repente, cierra los ojos, y olfatea el aire, sonríe, y camina hasta fundirse y ser uno con su bosque.