Escritora frustada, que intenta poner orden en el baúl oscuro de su imaginación. Relatos que salen desde lo mas recondito de mi alma e intentan liberar todo lo que siento por dentro. Espero que os guste, os entretenga y que me digáis lo que os hace sentir. Gracias por acompañarme en mi rincón.

13 may. 2009

El hada y el elfo


Gracias a Pedro Daniel, por contribuir a este blog con sus pensamientos de cuando leyó este relato, convertidos en arte, su maravilloso arte.


Mientras el sol traspasaba poco a poco los pétalos de la flor, la luz bañaba la cara, de una pequeña hada, que agitada respiraba, por los sueños que le atormentaban. Era bella, menuda, con unos ojos que veían mas allá de donde miraba, con su sonrisa cristalina, que de luz todo llenaba. Pero ahora, soñaba despierta durante el día y lloraba de pena por las noches, ya no volaba, ni reía, ni jugaba. Solo pensaba, en aquel tierno elfo, de mirada valiente y espíritu noble, que solía visitarla, cuando de la lucha volvía. Con el rostro cansado, pero sonriente al verla, revoloteando en torno a él cuando llegaba. Le contaba historias de tierras lejanas, le narraba batallas llenas de heroicidades, le traía recuerdos de mas allá de las montañas mágicas, y siempre se despedía, con un dulce beso en su frente.

Ella quería crecer, quería pedirle a la diosa del río que le permitiera ser como él. Renunciaría a sus alas, a su vida, a los suyos. Quería que, por el día, le mostrara todos esos maravillosos lugares de los que tanto le hablaba y por la noche, fundirse en sus brazos hasta que volviera a amanecer.

Pero, ¡ay! que ella no sabía todo. Después de la última batalla, el elfo volvió ansioso a verla, con sus manos llenos de presentes para su pequeña hada y con su mente llena de historias, para quedarse toda la tarde junto al río, compartiendo sus recuerdos. Ella le dijo, que ya estaba preparada, que lo había decidido, que podían pasar el resto de sus días juntos. Él, la miró, con una mirada que ella nunca había visto, solo había tristeza y lágrimas. Él le confesó que el también quería, pero que había alguien con quien ya compartía los días. Que él quería a su pequeña hada, pero no podía dejar a quien con su hogar compartía.

El hada sintió, como todo su interior se rompía, como no podía respirar, y las lágrimas no podían cesar. Voló, voló muy lejos, hacía el otro lado del río, donde su elfo, por mas que corría y la llamaba, no podría alcanzarla.

Se escondió en una flor, en la que a partir de ahora sería su celda voluntaria, donde pasaría la eternidad, donde podría soñar por el día con su amor querido y donde podría llorar por las noches por su amor perdido.

Mientras, el elfo volvió a su hogar, volvió a sus heroicas batallas, pero por las noches, su mirada se vuelve a tornar triste, preguntándose, donde estará su pequeña hada.